Tendemos a dar por sentada nuestra audición. Solo cuando empieza a fallar comprendemos lo que significa que el mundo sonoro llegue amortiguado, distorsionado o incompleto. Lo que quizás no sabemos es que el tabaco es uno de los factores que puede acelerar ese deterioro.
Un hábito con más consecuencias de las que imaginamos
Las restricciones al tabaco en espacios públicos, hospitales y lugares de trabajo nos parecen hoy completamente lógicas. Resulta difícil imaginar aquellas décadas en que fumar era lo habitual en cualquier entorno. El avance ha sido notable, y con razón: cada nuevo estudio confirma que los efectos del tabaco van mucho más allá de los pulmones y el corazón.
Lo que revela la ciencia: el tabaco daña la audición
Una investigación a gran escala llevada a cabo en Japón —uno de los países con mayor índice de tabaquismo del mundo— arroja conclusiones contundentes. Durante ocho años, los investigadores del Centro Nacional de Salud de Tokio midieron anualmente la audición de aproximadamente 50 000 trabajadores, tanto fumadores como no fumadores.
Los resultados son claros: cada cigarrillo adicional fumado al día aumenta el riesgo de pérdida auditiva. En comparación con los no fumadores, los fumadores presentaban un riesgo un 60 % mayor de sufrir daño auditivo en frecuencias altas, y un 20 % mayor en frecuencias bajas. Los hallazgos fueron publicados en una revista científica revisada por pares.
Pero el estudio también tiene un lado alentador: quienes dejan de fumar pueden recuperar parte de su audición en menos de cinco años. Al igual que sucede con otros riesgos asociados al tabaco —aunque en esos casos la recuperación puede llevar más tiempo—, el cuerpo tiene una notable capacidad de regeneración cuando se elimina el daño continuo.
No existe el cigarrillo inofensivo
Muchos fumadores ocasionales se consuelan pensando que su consumo moderado no supone un riesgo real. La evidencia científica desmiente esta creencia.
Un metaanálisis exhaustivo que recopiló datos de decenas de millones de participantes a lo largo de seis décadas —analizando 55 estudios sobre tabaquismo y salud cardiovascular— llegó a una conclusión inequívoca: fumar un solo cigarrillo al día es casi tan perjudicial para el corazón como fumar veinte. El riesgo de infarto o derrame cerebral aumenta desde el primer cigarrillo, sin que exista un umbral seguro por debajo del cual el consumo sea inocuo.
Un motivo más para dejarlo
A los efectos bien conocidos del tabaco sobre el sistema respiratorio y cardiovascular se suma ahora la evidencia sobre su impacto auditivo. La pérdida de audición relacionada con el tabaquismo es progresiva, silenciosa y, durante mucho tiempo, imperceptible. Pero es reversible si se actúa a tiempo.
Dejar de fumar beneficia la salud en múltiples frentes. La audición es uno más que añadir a la lista.





