Un día de playa o de piscina es uno de los mejores planes del verano, pero hay algo que puede fastidiarlo de golpe: la incómoda sensación de tener el oído taponado. El agua atrapada en el conducto auditivo puede causar sensación de bloqueo, audición amortiguada e incluso un molesto cosquilleo que se extiende hacia la mandíbula o la garganta.
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, el agua drena sola. Si no es así, estos cinco métodos pueden ayudarte a resolver el problema de forma segura.
Antes de empezar: una advertencia importante
Nunca introduzcas objetos en el conducto auditivo para intentar extraer el agua. Bastoncillos, dedos u otros objetos pequeños pueden empujar el agua más adentro, introducir bacterias, dañar el canal auditivo o incluso perforar el tímpano. Los métodos que describimos a continuación son seguros precisamente porque actúan desde el exterior.
1. Mueve el lóbulo de la oreja
Es el primer gesto que hacemos de forma instintiva, y con razón: funciona. Túmbate de lado con el oído afectado hacia abajo y quédate quieto unos minutos para facilitar el drenaje por gravedad. También puedes bostezar, mover la mandíbula o masticar con fuerza; estos movimientos ayudan a movilizar el agua dentro del canal.
2. Crea un efecto vacío con la mano
Inclina la cabeza hacia el lado afectado. Ahueca la palma de la mano y cúbrela sobre el oído, presionando ligeramente. Empuja la palma hacia el oído y retírala de forma repetida: sentirás una ligera succión cada vez. Después de varias repeticiones, inclina la cabeza hacia abajo para que el líquido pueda drenar.
4. Evapora el agua con un secador de pelo
Apoya la cabeza sobre una toalla con el oído afectado orientado hacia el secador. Usa siempre la potencia mínima y mantén el aparato a una distancia de al menos 30 centímetros. Tira suavemente del lóbulo para abrir un poco más el conducto y dirigir mejor el flujo de aire cálido.
Riesgos de ignorar el problema
Si el agua permanece en el oído durante demasiado tiempo, puede favorecer la proliferación de bacterias y derivar en una infección. La otitis externa aguda —conocida como «oído de nadador»— es especialmente frecuente en quienes nadan en aguas con alto contenido bacteriano, como lagos o ríos. Las personas con afecciones cutáneas crónicas como psoriasis o eccema también son más susceptibles.
El oído cuenta con mecanismos de defensa propios, pero la humedad prolongada, las pequeñas lesiones o las alergias pueden debilitar esas defensas y crear las condiciones ideales para una infección.
Cómo prevenir que vuelva a ocurrir
La mejor solución es la prevención. Usa tapones para los oídos o un gorro de natación cuando te bañes, y sécate bien la parte exterior de los oídos con una toalla al salir del agua. Son gestos sencillos que evitan un problema innecesario.
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