La misofonía es una condición caracterizada por una reacción emocional intensa ante determinados sonidos cotidianos, como masticar, sorber, respirar, chasquear los labios, teclear o escuchar música procedente de otra habitación. Estos sonidos, conocidos como sonidos desencadenantes, pueden provocar irritación, ansiedad, enfado o incluso angustia en quienes los perciben.
Aunque muchas personas asocian la misofonía con los adultos, también puede aparecer en niños a partir de los 7 años. En ocasiones, sus síntomas pueden confundirse con problemas de comportamiento, rabietas o dificultades para gestionar las emociones, cuando en realidad el niño está experimentando un gran malestar.
Como audiólogos, sabemos que la comprensión y el apoyo familiar son fundamentales para ayudar a los niños a afrontar esta situación. A continuación, compartimos tres recomendaciones que pueden resultar útiles para las familias.
1. Haz que tu hijo se sienta comprendido y seguro
Los niños suelen confiar en que sus padres pueden ayudarles a resolver la mayoría de los problemas que encuentran en su día a día. Sin embargo, cuando aparece la misofonía, es posible que los adultos no sepan exactamente qué está ocurriendo o cómo actuar.
Muchos niños con misofonía se sienten incomprendidos cuando reaccionan ante determinados sonidos y, en algunos casos, pueden recibir reprimendas por comportamientos que en realidad son consecuencia de su malestar emocional.
Por ello, es importante escucharles, validar sus emociones y explicarles que lo que sienten tiene una explicación y que existen profesionales capaces de ayudarles. Saber que cuentan con el apoyo de sus padres puede reducir considerablemente la ansiedad asociada a la misofonía.
Transmitir mensajes de comprensión, cariño y apoyo incondicional ayuda a que el niño se sienta más seguro y menos aislado frente a sus dificultades.
2. Ayúdale a identificar sus emociones y pensamientos
Las reacciones intensas que provoca la misofonía suelen estar acompañadas de pensamientos negativos que aumentan el malestar emocional.
Por ejemplo, algunos niños pueden pensar:
- «No voy a poder soportar ese ruido.»
- «Me voy a enfadar mucho.»
- «No puedo controlar lo que siento.»
- «Es injusto que hagan esos sonidos.»
- «No tengo escapatoria.»
Aprender a reconocer estos pensamientos es un paso importante para gestionar mejor las emociones asociadas a los sonidos desencadenantes.
Como padres, podéis animar a vuestro hijo a expresar cómo se siente y qué pensamientos aparecen cuando escucha esos sonidos. También es importante reforzar positivamente sus esfuerzos cuando consigue manejar una situación difícil o responde de forma más calmada.
El reconocimiento de los avances, por pequeños que sean, puede tener un impacto muy positivo en su evolución.
3. Evita que la evitación se convierta en la única solución
Muchos niños con misofonía desarrollan estrategias para evitar los sonidos que les molestan. Algunos prefieren comer solos, alejarse de determinadas personas o utilizar constantemente música, televisión o auriculares para enmascarar los ruidos que les generan malestar.
También pueden aparecer conductas repetitivas o rituales, como imitar los sonidos que escuchan, pedir constantemente a los demás que dejen de hacer ruido o evitar mirar a las personas que los producen.
Aunque estas estrategias pueden proporcionar alivio momentáneo, a largo plazo suelen reforzar la sensibilidad al sonido y dificultar que el niño aprenda otras formas de afrontamiento más saludables.
Por ello, es recomendable ayudarles gradualmente a desarrollar recursos que les permitan convivir con determinadas situaciones sin depender exclusivamente de la evitación.
La importancia de la valoración profesional
La misofonía puede afectar significativamente al bienestar emocional, las relaciones familiares y la calidad de vida del niño. Por este motivo, es fundamental realizar una valoración profesional que permita comprender mejor cada caso y determinar qué estrategias de intervención pueden resultar más adecuadas.





